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Floro
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SITUACIÓN DE LA CIUDAD
La antigua ciudad romana de Tarraco se localiza en la actual Tarragona, al sur de Cataluña, en un promontorio situado sobre el mar junto a la desembocadura del río Francolí, controlando un fértil llano. Ya desde un primer momento, su posición a orillas del Mediterráneo le confirió un papel histórico destacado. La actual ciudad de Tarragona es la heredera de la antigua ciudad romana, no solamente por los restos monumentales que se conservan de su destacado pasado, sino también porque es la base sobre la que se establecieron la Tarragona medieval, la moderna y la contemporánea.
Se cree que existió un asentamiento ibérico antes de que Tarraco fuera fundada por los romanos a principios del siglo II a.C. Su puerto sirvió de entrada a los romanos que aquí establecieron su base militar para la posterior conquista y romanización de la península.
FUNDACIÓN DE LA CIUDAD
La ciudad de Tarraco fue obra de los Escipiones; surge a raíz de la llegada de los ejércitos romanos a la península en el año 218 a.C. en el marco de la confrontación bélica por el control del Mediterráneo entre romanos y cartagineses, la llamada Segunda Guerra Púnica. Un cuerpo expedicionario romano desembarcó en la ciudad griega de Emporion, la actual Ampurias, para dirigirse rápidamente hacia el sur con el fin de controlar las tierras al norte del Ebro. Las tropas romanas estaban comandadas por Cneo Escipión al que se le añadió, un año más tarde, su hermano Publio Cornelio. Después de vencer en un primer combate a los cartagineses, dejaron una pequeña guarnición que pronto se transformó en la principal base militar romana en Hispania y en la ciudad de Tarraco.
En el año 45 a.C. Julio César la nombra colonia y Tarraco se va a convertir en la capital de la Hispania Citerior o Taaraconense, siendo la ciudad más importante durante esta época por su valor estratégico, prueba de ello es el rico patrimonio monumental que hoy se conserva. Tras la caída del Imperio Romano, en el año 359, la invasión visigoda y la posterior ocupación árabe arrasan la población y comienza una época de despoblamiento, hasta que en el siglo XII el Conde de Barcelona, Ramón Berenguer, cedió la ciudad al obispo de Barcelona para su repoblación. Comienza así una nueva etapa de prosperidad y expansión urbana basada en el comercio marítimo.
La ciudad de Tarraco tuvo una consolidación urbana muy rápida. La presencia militar estable comportó la llegada no solamente de soldados, sino también de comerciantes y ciudadanos romanos que vieron en Hispania una nueva tierra de oportunidades. Con los romanos llegó también una nueva cultura que, con tiempo, acabó por imponerse en casi toda la península Ibérica.
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TRAZADO DE LA CIUDAD
Gracias a los estudios arqueológicos, Tarraco es hoy día una de las ciudades romanas mejor conocidas tanto en su configuración urbana como en sus monumentos públicos y en ella podemos ver todos los elementos esenciales de una ciudad romana: murallas guarnecidas de torres, acueducto, foro, teatro, anfiteatro, circo, etc., hasta su actual puerto es prolongación del antiguo espigón, que los romanos construyeron, a falta de un buen puerto natural. El diseño urbanístico de la ciudad evoluciona, desde su creación, de una forma singular, fundamentalmente motivado por la orografía del terreno. La presencia de un barranco natural, así como la existencia de elevaciones importantes influyeron de forma determinante en su trazado urbano. Se realizan desde lo alto de la colina hasta el puerto superficies en terraza, que decoran con muros monumentales, donde se asientan los edificios y conjuntos como el foro provincial. Las murallas construidas desde sus inicios también influyen en su desarrollo urbano, que alcanza unas dimensiones excepcionales.
La ciudad estuvo desde sus inicios dividida en dos espacios: uno vinculado a las necesidades de la guarnición romana y otro de carácter residencial. A partir del siglo II estos dos núcleos se unieron dando lugar a un único centro urbano de unas 50 hectáreas. Entre los s. I y II el crecimiento de Tarraco es evidente, siendo en el s. III cuando se estanca, sin perder importancia política pero sí económica.
El área de las viviendas se organizó en las terrazas media e inferior siguiendo trazas ortogonales, aunque se sabe todavía poco sobre las dimensiones de las insulae, conjuntos de casas, y de las viviendas privadas. En la zona inferior se ubicaba el foro colonial, el teatro y, extramuros, el anfiteatro. En la terraza superior se ha podido documentar un conjunto público monumental formado por el área de culto, la plaza, el foro provincial y el circo.

Imagen tomada de HISTORIA DE LA ARQUITECTURA EN ESPAÑA
LA MURALLA
Es la edificación romana más antigua y mejor conservada. En un primer momento tenemos que imaginarla como una simple empalizada de madera que tenía que proteger la guarnición militar. La victoria romana sobre los cartagineses y la incorporación de Hispania al Estado romano aceleraron el proceso de consolidación de estas defensas. La construcción de la primera muralla de piedra está datada a inicios del siglo II a.C. y de ella se conservan tres torres: la del Arzobispo, la del Cabiscol y la torre de Minerva.
Parece ser que hacia los años 150-125 a.C. creció en extensión, altura y anchura. Así pasó a englobar en su interior el núcleo urbano y habría perdido ya parte de su carácter estrictamente defensivo. Construida con un zócalo de grandes piedras ciclópeas o megalíticas, la altura de la muralla aumentó hasta los 12 m. y su anchura pasó de 4,5 a 6 m. Ahora se conservan 1100 m. con 3 torres, una gran puerta adovelada, único acceso original conservado, y 5 portillos.
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LAS CASAS ROMANAS
Poco es lo que sabemos de las características de las casas romanas de Tarraco ya que ninguna ha sido excavada en extensión. Probablemente, al lado de áreas acomodadas en las que seguramente predominaron las típicas casas romanas, aparecían otras en las que prevalecían los edificios de pisos.
Muy próximas a Tarraco, se hallan la villa de Centcelles, villa aristocrática, y la villa de Els Munts, utilizada como explotación agraria, que conservan pinturas murales y mosaicos de una extraordinaria calidad.
EDIFICIOS DE OCIO Y ESPECTÁCULOS
EL ANFITEATRO ROMANO
Escenario de combates de gladiadores, cacerías de animales salvajes y otros espectáculos, el anfiteatro de Tarraco, fechado a fines del siglo I o primera mitad del II a.C., tiene unas medidas totales de 109 por 86 metros, pudiendo albergar hasta 14.000 espectadores. Situado fuera del núcleo urbano, en una zona de pendiente lo que colaboraba a la consistencia de la construcción y facilitaba la acústica, se construyó anexo a la actual playa del Miracle y se conectaba con ésta a través de una bóveda subterránea.
Conserva su planta elíptica y buena parte del graderío original. Debajo de la arena se localizó un santuario de los gladiadores presidido por una pintura mural de la diosa Némesis, diosa a la que se encomendaban los gladiadores antes de empezar el espectáculo. Durante el mandato de Valeriano fueron quemados vivos en la arena en el año 259 el obispo crisitiano san Fructuoso y sus dos diáconos Augurio y Elogio. Este hecho motivó que, a finales del siglo VI, una vez abandonado el edificio, se levantara en su interior una basílica, cuyos restos se conservan dentro de la iglesia románica de la Mare de Déu del Miracle.
EL TEATRO ROMANO
Fue construido a finales del siglo I a.C., en una zona portuaria, cerca del foro local, aprovechando unas graderías ya existentes. El edificio dejó de funcionar en los últimos años del siglo II.
El teatro Romano de Tarraco conserva parcialmente los tres elementos estructurales esenciales que definen un teatro romano: cavea o graderío, orchestra y scaena. La parte mejor conservada es la orchestra, que permanece prácticamente íntegra. También es visible más de la mitad de la scaena con un podio decorado con nichos y exedras revestidas de mármol. Dada su importancia en la vida colectiva la parte posterior del escenario (scaenae frons) se monumentaliza y se decora mediante diversos elementos entre los que destacan diversas divinidades y miembros de la familia imperial. Detrás del podio se escondía el telón que se levantaba desde abajo. Al lado del teatro se construyó un gran espacio ajardinado.
EL CIRCO ROMANO
En la parte alta de la ciudad se construyó el circo, edificio dedicado al espectáculo que adquirió mayor popularidad. Construido bajo el reinado de Domiciano, a finales del siglo I después de Cristo, podía albergar alrededor de 23.000 espectadores. Medía 325 m. de largo por 115 de ancho. Se trata del circo más pequeño de los conservados en la península, pero también el más refinado en su estructura. Ello se explica por su importancia oficial y política, ya que se halla vinculado directamente al foro provincial de la ciudad, y no a las afueras, como es común en este tipo de monumentos. El circo era el lugar donde se desarrollaban espectáculos como las carreras de bigas y cuadrigas y otros espectáculos ecuestres de entretenimiento como exhibiciones acrobáticas.
Todavía se conservan del circo la parte de las gradas que se encuentran en una de las curvas y las monumentales puertas de acceso; el problema es que gran parte de él se encuentra ubicado en el interior del actual recinto urbano. El circo de Tarraco representa la fase final del proyecto flavio de reurbanización del sector nordeste de la ciudad. La existencia del recinto amurallado republicano, del complejo forense y del tramo urbano de la Vía Augusta determinó el aspecto formal del circo. Existen elementos suficientes para pensar que, al menos una parte del edificio, se utilizó para espectáculos hasta el primer cuarto del siglo VII d.C. La epigrafía nos ilustra sobre la vida de dos aurigas, Euthyches y Fuscus, enterrados en la ciudad.
EL FORO
El Foro Provincial de Tarraco estaba ubicado en la parte más alta de la ciudad y se estructuraba en torno a varios ámbitos: un recinto destinado al culto, en la terraza superior, y los espacios administrativos de la provincia, que ocupaban una terraza intermedia.
El recinto de culto oficial consistía en una plaza rectangular de 153 m. de longitud por 136 de ancho, circundada por un pórtico en tres de sus lados, presidido por un templo de culto imperial. El templo ocuparía el espacio central del pórtico norte y tendría una altura aproximada de 15 m. Hubo también templos dedicados a Minerva, Venus, Serapis, etc. de los que apenas se conserva nada.
La plaza de representación estaba situada en la terraza intermedia y era el punto desde donde se gestionaba la provincia. En ella se encontraban espacios tan importantes como el archivo provincial (tabulariun) y la caja del Estado (arca) donde se custodiaba la recaudación fiscal de todas las ciudades de la provincia. La plaza era un amplio espacio central ajardinado con pórticos en tres de sus lados, que era cruzada por una vía longitudinal, en donde se situaba una serie de estatuas dedicadas en su mayor parte a sacerdotes provinciales (flamines).
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VIAS DE COMUNICACIÓN
Las calles de la ciudad se encontraban pavimentadas, con aceras a ambos lados. Los autores clásicos nos hablan de calles sucias y tumultuosas; a pesar de ello, todos los núcleos urbanos disponían de una importante infraestructura urbana. Por debajo de las aceras circulaba toda una compleja trama de canalizaciones que abastecía de agua corriente a algunos edificios y a las fuentes públicas. Esta infraestructura se completaba mediante una compleja red de alcantarillado que permitía mantener limpia la vía pública de la ciudad.
La principal vía que pasaba por Tarraco era la vía Augusta que, procedente de Roma, llegaba hasta Gades (Cádiz). Desde Tarraco partía una bifurcación de la misma que conducía hacia el interior, uniendo la capital con el noroeste peninsular. Uno de los monumentos mejor conservados que se sitúan sobre esta vía es el llamado Arco de Barà. Las calzadas romanas también jugaron un papel importante en relación con el mundo de la muerte: en las proximidades del núcleo urbano, a ambos lados de los caminos, se situaban las principales necrópolis. En ellas se encontraba todo tipo de enterramientos, desde simples fosas hasta auténticos monumentos como la Torre de los Escipiones.
TORRE DE LOS ESCIPIONES

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ARCO DE BARÀ

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Es un monumento funerario que se encuentra a cinco kilómetros de la ciudad de Tarragona, parece ser que data de finales del siglo I. Se trata de una torre de planta cuadrada y sillería, construida con sillares bien trabajados y en la actualidad, como ha desaparecido el remate superior, tiene ocho metros de altura. El cuerpo central presenta en su fachada principal dos representaciones del dios funerario Atis, imágenes que fueron confundidas con las de los dos hermanos Escipión, fundadores de la ciudad. |
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Situado a 20 km. de Tarragona, se trata de un arco honorífico que fue realizado a finales del siglo I a.C.; ejercía de punto limítrofe entre Ilerda y Cesar Augusta y era el punto de paso y cobro de impuestos a las mercancías.
El arco está muy bien conservado, de tipo simple y con un solo arco de 10,5 m. de altura. Está enmarcado por pilares corintios que sostienen el entablamento, donde todavía se conservan vestigios de la inscripción que lo consagraba a la memoria de Lucio Licinio Sura, cónsul y legado imperial. |
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OBRAS PÚBLICAS
EL PUERTO
Una de las principales infraestructuras sobre las que se cimentó Tarraco fue, sin duda, el puerto, pues estaba situado a cuatro días de navegación del puerto de Roma, lo que la convirtió en una importante escala estratégica. No tenemos demasiados datos sobre el puerto original. Sin embargo, el desarrollo de la ciudad comportó también la necesidad de dotar el área portuaria de unos equipamientos adecuados. Entre los siglos II a.C. y I d.C. se detectan toda una serie de obras que van encaminadas a la progresiva construcción de muelles, cisternas, almaces y naves, así como al aporte de tierras para sanear una zona ocupada inicialmente por playas y marismas.
ACUEDUCTO DE LES FERRERES
Tarraco dispuso de al menos dos acueductos que abastecieron de agua potable a la ciudad. Un ejemplo de este tipo de construcciones es el monumento que se conoce actualmente como acueducto de Les Ferreres o Puente del Diablo, nombre que recibe de la leyenda, que dice que el diablo lo construyó una noche para ganar una apuesta donde una doncella se jugaba el alma.
Este acueducto se construyó en el siglo II, en la época de Trajano. Está situado a cuatro kilómetros al norte de Tarragona, y suministraba agua del río Gayá a la antigua Tarraco. Tiene 217 m. de longitud y 26 m. de altura y está formado por dos órdenes de arcos superpuestos de mampostería (con 11 arcos el inferior y 25 el superior), unidas sin mortero alguno; su función es la de salvar una vaguada en el trazado de la canalización.
LA NECRÓPOLIS
La necrópolis romano-cristiana de Tarragona es, por la importancia del material extraído y las construcciones que aún persisten, uno de los conjuntos funerarios cristianos mejor documentados de toda la Europa Occidental.
Es un cementerio que utilizaron los cristianos desde el siglo III hasta el VI, conservando una cripta de planta de cruz inscrita en cuadrado, otra con larga escalera de descenso y dos compartimentos separados por arcos de ladrillo y varios restos de otras construcciones propias de una necrópolis.
También se ha conservado un importante conjunto de inscripciones cristianas, mosaicos funerarios y sarcófagos decorados.
Se ha construido un museo que en el que se encuentran piezas interesantes de los siglos III al VI, como sarcófagos, sepulcros, ataúdes. Su proximidad con el puerto permite suponer que hubo incluso un barrio con casas junto a la necrópolis, dato que no debe sorprender porque los templos cristianos y sus edificios anexos solían convertirse en enclaves donde se desarrollaban importantes actividades económicas.
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